Poemas de amor: poemas para bebés

07/29/2012 29 Jul 2012
Señor, me has dado un hijo
y te pido la piedad
me le concedas el don
de ser un hombre de paz.

Que nunca forme barreras
para hacer la caridad
y sea legal consigo mismo
y que viva en hermandad.

Y dale a su pensamiento
luz para comprender
y lo lleves por caminos
iluminados de fe.

Que nunca pueda la ira
hasta sus manos llegar
y le acompañe tu amor
para librarlo del mal.

Y que oiga en su conciencia
la voz de su corazón.
Y líbralo de la avaricia
infamia, odio y traición.

Concédele la providencia
y que sea hombre cabal.
Gracias, Señor, gracias
Dios de inmensa bondad.

Anónimo

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06/10/2012 10 Jun 2012
Dos mil doscientos catorce días, volando contigo
y siempre ungido con la miel de tu voz
en mi amargo oído enfermo y desvalido.

Dos mil doscientos catorce días también,
hace que volaste a tus nubes y alturas
llevándote en ti todo el bien que nutria mis sentidos.

Ay, ay paloma rosa, amante fiel y amiga de la ternura
recuerdo con gozo el sonido suave de tu plumaje,
el oído de mi alma se sostiene y vive aún
por el eco de tu suave hablar.

Así, como el bosque se nutre del trinar de sus bandadas
mis sentidos nacen en cada amanecer,
reposan en cada anochecer,
cuando buscan sus nutrientes de la fuente exquisita de tu voz
paloma rosa, mi muy amada,
disfrute y canto de mi alma, por siempre.

El tenor solfea su balada, multitudes vitorean con estruendo,
el viento recio emite su tronar, corazones se amedrentan
mas el sonido sedoso de tus dichos,
apagan baladas y suavizan el viento.

Mis días y mis noches buscan prestamente
la unción de miel, destilada del eco de tus palabras
y se sacian con los más dulces recuerdos,
que llegan a mí como sinfonías celestes.

El recordarte te hace presente
y puedo ver tu plumaje rosa,
es mi manto de alegría evocar tu voz
y mirar el color delicado que te cubre.

El desierto no bebe aguas, y su sol aleja sus visitantes
mas recordar nuestros dos mil doscientos catorce días,
que me ungiste con tu miel, ungüento delicado,
son placer en mi paladar que nutre día y noche mi alegría.

Recordar aquel nuestro tiempo,
en este mi tiempo de dulces meditaciones,
es mi continuo éxtasis, mi fiesta, mi consuelo,
mi gratitud porque existes,
exultación de mis pensamientos.

Rememorar aquellos días volando junto a ti mi paloma rosa
ha sido el exilio de mi tristeza,
el sepulcro de mi dolor,
la mordaza de mi gemir.

Anónimo

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